McEwen Mining volvió a colocar a Los Azules en el centro de su estrategia de crecimiento. El proyecto de cobre ubicado en los Andes de San Juan concentra una parte relevante de la expansión prevista por la compañía y llega a una nueva etapa con financiamiento, estudios de factibilidad y la intención de avanzar hacia una decisión final de inversión.

McEwen Copper, la subsidiaria que desarrolla Los Azules, cerró a fines de agosto un préstamo a plazo de US$240 millones que, según la compañía, permite financiar el proyecto hasta una decisión final de inversión prevista para mediados de 2026. La subsidiaria ya captó más de US$690 millones mediante deuda y capital, una señal de que el desarrollo dejó de depender exclusivamente del financiamiento de su matriz.

La escala del activo explica el lugar que ocupa en la estrategia. McEwen Copper atribuye a Los Azules recursos por 35.700 millones de libras de cobre y plantea una vida minera inicial de 21 años, con potencial para extenderla otros 33 años. La compañía proyecta además una operación diseñada alrededor de electrificación, energía solar, procesos cerrados de extracción y tratamiento ecológico del agua.

El componente ambiental también forma parte de la ecuación económica del proyecto. La administración de McEwen reconoce que obtener apoyo público se convirtió en un desafío creciente para la industria minera y sostiene que los proyectos necesitan demostrar con resultados sus prácticas ambientales, en lugar de limitarse a comunicarlas. Para Los Azules, la compañía plantea una operación con menor uso de agua y emisiones, además de iniciativas de tratamiento ecológico y colaboración con universidades y científicos locales.

La apuesta por el cobre responde además a una demanda asociada a vehículos eléctricos, generación eólica, baterías, energía solar e infraestructura informática. McEwen busca posicionar Los Azules como una fuente de cobre con una menor huella ambiental, mientras estima que el proyecto podría generar más de 1.000 empleos locales durante su vida útil.

Para los accionistas de McEwen Mining, el desafío no pasa solamente por desarrollar el yacimiento sino también por convertir ese potencial en valor de mercado. La compañía posee el 46,3% de McEwen Copper y una regalía de retorno neto de fundición del 1,25% sobre Los Azules. Stefan Spears, responsable de Desarrollo Corporativo, estimó que la participación en McEwen Copper podría valer unos US$900 millones y que la regalía agregaría alrededor de US$200 millones.

La tesis de la administración es que el mercado todavía no refleja plenamente esos activos. Spears sostuvo que McEwen Copper no acompañó la revalorización registrada por otras compañías cotizadas dedicadas al desarrollo de cobre y planteó que una eventual salida a bolsa podría llevar al negocio a una capitalización cercana a US$2.000 millones. Esa valoración es una expectativa de la administración, no un valor de mercado observado.

Mientras Los Azules avanza, McEwen también proyecta un aumento significativo de su producción de oro equivalente. La compañía produce actualmente alrededor de 115.000 onzas anuales y espera alcanzar unas 185.000 hacia fines de 2028 y poco menos de 300.000 hacia fines de 2030. La ejecución de esos planes y el avance del proyecto de cobre serán determinantes para transformar el potencial de los activos en resultados operativos.

El caso de Los Azules muestra así una combinación de capital, permisos, recursos naturales y capacidad de ejecución. La aprobación bajo el RIGI, la participación de la Corporación Financiera Internacional, el estudio de factibilidad y el nuevo préstamo reducen algunas restricciones para avanzar, pero todavía queda por delante la decisión final de inversión y, posteriormente, la construcción. Para McEwen, los próximos años estarán marcados por la necesidad de convertir un gran recurso de cobre y una estructura financiera más robusta en producción y flujo de valor para los accionistas.