La jornada dejó una imagen de dos velocidades. Por un lado, el RIGI sigue habilitando inversiones de escala en sectores con capacidad exportadora: Pluspetrol avanzó con un proyecto de US$12.240 millones en Vaca Muerta y Glencore obtuvo la aprobación para MARA, un desarrollo cuprífero de US$4.000 millones. A eso se sumaron anuncios por más de US$11.500 millones en energía y minería durante Argentina Week. Hay capital interesado en recursos que el país tiene y el mundo demanda.

Ese dato importa, sobre todo porque proyectos de hidrocarburos, cobre o litio pueden ampliar exportaciones y generar divisas en los próximos años. Pero conviene separar la aprobación regulatoria, el anuncio de inversión y el ingreso efectivo de dólares. Son etapas distintas, con plazos distintos y riesgos distintos. Un proyecto puede ser económicamente viable sin que sus beneficios mejoren de inmediato la posición externa o la disponibilidad de financiamiento para el resto de las empresas.

La contracara apareció en el balance del Banco Central. Las reservas internacionales cerraron septiembre en US$46.092 millones, una caída de 8,2% frente al inicio del mes y de 2,9% en la última jornada. El stock sigue por encima del nivel de comienzos de 2026, pero el retroceso reciente reduce el margen externo en un momento en que la economía necesita sostener credibilidad sobre la disponibilidad de divisas y la capacidad de cumplir sus compromisos.

El mercado de deuda tampoco leyó un alivio. El riesgo país subió 29 puntos hasta 636 puntos básicos, su mayor nivel en tres meses. No es un movimiento que por sí solo defina una tendencia permanente, pero sí encarece la referencia financiera con la que se evalúan emisiones, refinanciaciones y decisiones de inversión. Una empresa grande puede acceder a un régimen especial y planificar una inversión de largo aliento; una pyme o una firma industrial que necesita capital de trabajo enfrenta otra realidad, mucho más atada a tasas, demanda y costos locales.

El RIGI fue diseñado precisamente para reducir incertidumbre tributaria, aduanera y cambiaria en inversiones de gran porte. Esa previsibilidad puede ser decisiva para actividades intensivas en capital y de maduración larga. La tensión es que, cuando la seguridad jurídica y la previsibilidad deben concentrarse en un régimen excepcional para que lleguen proyectos, queda expuesto el costo de operar bajo las reglas generales. El desafío no es sólo captar inversiones puntuales, sino bajar la prima de incertidumbre para una porción más amplia de la economía.

Los datos de actividad ayudan a entender esa distancia. Ford anticipó que su planta de Pacheco producirá menos de 75.000 unidades este año y volvió a poner en discusión la competitividad exportadora de la industria local. A la vez, se homologaron suspensiones y acuerdos de crisis en empresas manufactureras. Ningún caso individual alcanza para diagnosticar al conjunto, pero coinciden con la proyección de Econométrica de una recesión técnica durante el segundo y el tercer trimestre. Los sectores vinculados a recursos naturales pueden atraer capital aun cuando la producción más expuesta al mercado interno y a la competencia externa atraviese una fase débil.

La mayor liquidez nominal tampoco resuelve esa brecha. El crecimiento interanual del M2 privado se aceleró a 23,2% y los depósitos en efectivo de las entidades financieras alcanzaron un máximo del último año. Eso amplía los pesos dentro del sistema, pero no demuestra por sí mismo una recuperación del crédito productivo ni de la demanda de bienes durables. La cuestión relevante es qué tan dispuesto está el sistema a transformar esos recursos en financiamiento de plazo y a qué costo pueden tomarlo familias y empresas.

Abajo, los precios siguen marcando límites concretos. La nafta súper promedió $2.182 por litro y el gasoil grado 2 llegó a $2.372, ambos en máximos recientes. El índice que ajusta una parte de los contratos de alquiler acumuló una suba de 31,7% en un año. Al mismo tiempo, la jubilación mínima aumentó 1,66% en octubre, mientras el bono de $70.000 quedó congelado. La mejora de grandes proyectos futuros no compensa automáticamente el costo presente de trasladarse, alquilar o sostener el consumo básico.

La señal del día no es que la inversión anunciada sea irrelevante ni que la caída de reservas borre el potencial exportador de energía y minería. Es que ambos procesos transcurren en planos diferentes. Los proyectos estratégicos pueden cambiar la oferta de dólares a futuro, pero una economía financiable requiere que esa promesa se traduzca gradualmente en menor riesgo, mayor estabilidad externa y reglas previsibles más allá de un grupo de inversiones seleccionado. Hasta entonces, el capital de largo plazo puede llegar por sectores, mientras el costo argentino sigue condicionando a buena parte de la economía cotidiana.