La elección presidencial de Brasil llega a su tramo final con una disputa estrecha entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flavio Bolsonaro. El primer turno se realizará el domingo 4 de octubre y, si ningún candidato alcanza la mayoría necesaria, el balotaje está previsto para el 25 de octubre, según el calendario oficial del Tribunal Superior Electoral.El último relevamiento de Datafolha ubica a Lula en 45% de los votos válidos para la primera vuelta, frente a 40% de Flavio Bolsonaro.
Augusto Cury aparece con 4%, mientras que Ronaldo Caiado y Renan Santos registran 3% cada uno. La diferencia se achica todavía más en el escenario de segunda vuelta. Datafolha midió 48% para Lula y 45% para Flavio Bolsonaro, una distancia que se encuentra dentro del margen de error de dos puntos porcentuales y que, por lo tanto, configura un empate técnico. El relevamiento fue realizado entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre, con 2.506 entrevistas presenciales en 152 municipios.
El dato agrega incertidumbre a una elección que, además, mantiene un volumen relevante de electores susceptibles de modificar su decisión. Datafolha señala que 17% de quienes tienen una opción de voto todavía podrían cambiarla antes de la elección. En la medición espontánea, el porcentaje de indecisos alcanza 13%.La incertidumbre también aparece en la lectura que hacen los protagonistas de la campaña.
Gonzalo Inchauspe, periodista argentino que cubrió una movilización de Lula en Río de Janeiro, señaló que las encuestas tienen margen de error y que no permiten conocer de antemano cuántos indecisos concurrirán a votar ni cómo operará el voto útil.El escenario brasileño tiene una dimensión económica relevante para la Argentina por el peso de Brasil en el comercio y por el papel del país como principal economía de Sudamérica.
La propia cobertura destacó que un cambio de signo político modificaría el marco de relaciones regionales y podría tener implicancias en el vínculo de Brasil con Estados Unidos y, por extensión, en el margen de maniobra de la Argentina.En materia de política económica, durante la campaña también aparecieron propuestas con impacto directo sobre determinadas actividades. Entre ellas fue mencionada la intención de limitar a una tarjeta de crédito por persona y la continuidad de transferencias sociales.
Estos planteos abren interrogantes sobre las condiciones regulatorias para el sistema financiero y sobre el alcance de la política de ingresos, aunque su eventual aplicación dependerá del resultado electoral y de las decisiones posteriores del gobierno.Otro punto destacado fue la regulación de las apuestas deportivas y los casinos online. La cuestión ya forma parte del debate electoral y tiene una dimensión empresarial concreta para las compañías que operan en ese mercado.
Datafolha registró además que 78% de los encuestados considera que las apuestas online y los casinos digitales deberían ser prohibidos. La campaña también estuvo atravesada por decisiones judiciales y por una fuerte intervención institucional en la disputa electoral.
Inchauspe describió un sistema con un alto grado de regulación y señaló que esa regulación lleva a una participación frecuente del Supremo Tribunal y del Tribunal Electoral en cuestiones vinculadas con la campaña.Con el primer turno a horas de distancia, el escenario combina una ventaja de Lula en la primera vuelta con una segunda vuelta dentro del margen de error. Para la Argentina, el resultado definirá además el rumbo político de su principal socio regional y un actor central en el comercio, la industria y la integración sudamericana.



